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Raices • MERCÈ VANCELLS coach en nutrició i salut integrativa
Nosotros como las plantas, para crecer, necesitamos nuestras raíces.
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Raices

mis raices

Las raíces fijan la planta en la tierra donde pueden absorber agua y las esencias vitales que necesitan para crecer y proveer al resto de la planta.

Como nosotros, que para crecer necesitamos nuestras raíces.

Cuanto más integramos nuestro arraigo, más genuino será nuestro camino, nuestro crecimiento.

Las raíces están escondidas como nuestros intestinos.

Como me he formado

Desde la adolescencia me he sentido atraída por la ciencia de los alimentos y la nutrición. Me gusta conocer tanto la bioquímica de los alimentos, como su origen botánico y su microbiología. Así que estudié Ingeniería Agrícola Alimentaria en la UPC y diferentes cursos relacionados con la nutrición y la alimentación y sus riesgos.

Después de trabajar en la administración pública, en la industria alimentaria, y en el mundo corporativo multinacional, volví a mi origen gracias a los estudios en el

Institute of Integrative Nutrition de Nueva York, que me han permitido integrar todo lo que he aprendido en la vida. No sólo somos lo que comemos, hay que tener en cuenta muchos factores para tener una buena salud y estar en paz.

También tengo formación en Aromaterapia i en la técnica de Facioterapia-Dien Chan, que me entusiasman por su sencillez, eficacia y rapidez para sanar la parte física y emocional.

Para ampliar la visión y el conocimiento de la naturaleza del ser humano y de la nutrición integrativa hice estudios de Medicina y Psicoterapia Antroposófica y de Agricultura Biodinámica.

 

El viaje que me ha llevado hasta aquí

Desde que tengo uso de razón, he tenido una relación emocional con la alimentación, subiendo y bajando de peso regularmente. Siempre comía más de la cuenta, disfrutaba mucho comiendo. No deja de ser un placer inmediato, que esconde otras carencias.

Aparte de comer mucho, también he sido muy activa y productiva, tanto socialmente como laboralmente. Esto me llevaba a dormir poco y comer más durante el día para aguantar el ritmo. Suerte que desde los 17 años la práctica de tai-chi, yoga y chi kung me ayudaron a compensar en parte este desequilibrio.

A los 23 años me diagnosticaron artrosis bilateral de cadera (las tenía como una anciana de 80 años), y me dijeron que antes de los 30 debería llevar prótesis. Desde entonces he ido buscando cambios y soluciones para disminuir el dolor crónico y bajar de peso. He tenido que verme coja en la vida para aprender a ir recta de nuevo. Gracias a este camino aún no he necesitado la prótesis.

A los 24 años una hemorragia cerebral, me dejó sorda de un oído temporalmente, y se me dormía parte de la cara. De nuevo, el cuerpo me pedía bajar el ritmo impuesto. Pero el camino de la auto exigencia y la responsabilidad aumentó en tener tres hijos muy deseados y un trabajo que no me llenaba al 100%. La prioridad era cuidar a los demás antes que a mí.

De joven elegí la medicina homeopática en lugar del alopática y abrí la puerta a la curación a través de la alimentación y técnicas no invasivas para el cuerpo y la persona. La Antigimnasia me enseñó a lo largo de 10 años cuál era mi ritmo natural y como escucharme.

Para reducir el dolor crónico de la cadera estudié y seguí muchas dietas (vegetariana, macrobiótica, ayurveda, Seignalet, Kousmine …). No basta con llevar una dieta sana para encontrarnos y sentirnos mejor, hay que buscar un crecimiento personal, emocional y espiritual. Después de muchos años de aprender de todas ellas, me he dado cuenta de que la enfermedad y el deseo de curación son el camino.

Lo que me llena en mi vida y me permite ser feliz y estar en equilibrio son las cosas sencillas. Compartir con la familia y los amigos. Estar y sentir la naturaleza. Pasear en bicicleta por Barcelona. Tejer en mi telar. Crear sombreros. Leer. Mirar una buena película. Todo esto es meditar para mí.

Hoy, visto con perspectiva, reconozco que había creado un personaje alegre que escondía una tristeza interna. Mi trabajo ha sido quitarme capas para reducir mis miedos, llegar a mi esencia y estar en paz conmigo misma. Y me gusta acompañar a otros en su viaje para encontrar el diamante interior que todos tenemos, a veces tan escondido dentro de nosotros que no se ve.

 

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